Barrezuelos de Arriba es un pueblo interior
de la España Castellana. Una isla en medio de un vasto territorio con muchas
islas. Uno de tantos de esa España despoblada. Sus 180 vecinos viven del campo.
Ganaderos los unos, agricultores los otros.
Barrezuelos de Arriba no hace mucho
tiempo tenía una escuela que acogía a los más pequeños de aquellas familias que
tenían algún pequeño. La secundaria, centralizada en la cabecera de la comarca supone
para los adolescentes que se incorporan recorrer 15 km diarios para llegar al
instituto. El transporte público, opera de vez en cuando.
La capital de la comarca, La Angustia,
es el centro neurálgico de sus 23 poblaciones, todas ellas dispersas y
comunicadas cuando coincide. Todas del estilo de Barrezuelos.
En Barrezuelos hay una antena de transmisiones que invita a escuchar la radio y a veces ver algún canal de televisión, y aunque sus vecinos no disponen de mucho tiempo para ello, sobre todo cuando el sol anuncia cambio de ciclo y hay que dedicarlo todo al cuidado de la hacienda, que el trabajo del campo como sabemos es muy sacrificado y deja poco tiempo para el ocio, en este caso la escucha, sí les permite, sin embargo, conectarse con el exterior. El invierno es diferente. El tiempo de días cortos y noches largas empuja a los vecinos a compartir momentos de charla y tertulia que contribuyen a socializar la comunidad.
El atardecer es el momento propicio
para ello. Cualquier casa de Barrezuelos dispone de una estancia apta para
estas reuniones de tal manera que las tertulias suelen ser rotativas. Se conoce
como la sala social de cada casa. Reuniones que se celebran en una u otra vivienda
porque bares ni uno. Y centro social… ¿qué es eso?
La Angustia también concentra la asistencia sanitaria que da
servicio a las 23 poblaciones del municipio. Antes había más médicos, es
cierto, pero sigue en pie (de momento) Si hay un problema serio de salud, o algo
requiere atención especializada el paciente se enfrenta a 90 km de distancia en
el mejor de los casos y 2 horas de camino para llegar al hospital más próximo.
En la capital de provincia.
Las preocupaciones de los barrezolenses suelen centrarse en el día a día: que si el
tiempo, que, si habrá buena o mala cosecha, el mercado del ganado, el del
cereal, etc. Mercado que les ofrece dos escenarios: desplazarse 200 km, en el
mejor de los casos para comprar, vender, enterarse un poco cómo está el
panorama, etc., o esperar que llegue algún comprador y a precio de saldo les
compre su producto. Escenario donde hay verdaderos expertos, como sabemos también
en el territorio más poblado.
La política no es lo de ellos. Lo que no quiere decir que sí lleven
a sus conversaciones aquello que las ondas van pariendo. Sea verdad o no, o no
del todo, sí les obliga a pensar y según el caso interiorizar miedos varios y
opiniones diversas.
En la Angustia gobierna Wenceslao. Lleva al frente del consistorio 40 años.
La radio un buen día les presentó a
un tal Vaxi. Un político emergente de nuevo cuño que, con un discurso muy estudiado,
cuidado y puesta en escena seductora para un público muy concreto comenzó a
informarles del riesgo que se avecina si él no se erige en garante de sus
destinos para lo que demanda su apoyo. Él representa la solución a estos
problemas que se atisban sobre el horizonte, dice. Que si Europa, que, si un tal Mercosur que
allí nadie conoce, van a arruinar sus expectativas de futuro en su tierra. “Llegarán
oleadas de gentes de África y otros lugares que os obligarán a cambiar vuestra
forma de vida”, anuncia, etc.
El pánico se apodera de los vecinos de Barrezuelos y demás pedanías de La Angustia. Interiorizan el mensaje hasta el punto de llegar a defenderlo. Llega un momento en que Wenceslao se ve obligado a pactar con los acólitos de Vaxi para poder seguir gobernando y poco tiempo después Wenceslao mantiene la alcaldía, pero no el gobierno.
Siguiendo la secuencia y hoja de ruta de Vaxi, de la mano de algo que se llama fondos de inversión, que en Barrezuelos tampoco saben bien qué quiere decir porque no tienen tiempo para estas cosas, se planteó reorganizar la comarca. Todo por el bien del vecindario. Vamos a reorganizar el territorio, dijeron y comenzaron.
El centro de salud hay que cerrarlo poque no es rentable: ¡qué es eso de mantener una infraestructura como esta para una población como esa! decían y defendían vehementemente. ¿Instituto? Tampoco.
¿Centro de salud? En la capital organizaremos el mejor. ¿Centro
educativo? también a la capital, etc. Los peques de Barrezuelos, de momento se
desplazan a La Angustia donde queda una infraestructura infradotada porque la
de Barrezuelos tampoco resultaba rentable para tan pocos niños y por tanto
cerró sus puertas. Ahora no saben cuánto tiempo durará abierta la escuela de La
Angustia.
En Barrezuelos había una, en La Angustia un instituto y un centro de salud.
Ahora queda como local social la capilla de cada parroquia porque eso sí, capillas
en todas las pedanías, bares en alguna, pero escuelas y centros de salud no son
necesarios, sólo acarrean gasto. Y hablar de gasto supone establecer
prioridades y una de ellas es un servicio antiincendios que el verano pasado
fue muy negro y hay que proveer de recursos a 52 firmas privadas para que
parezca que se hace un gran esfuerzo en mejorar el organigrama.
En Barrezuelos se resignan y dicen
que ¡qué se le va a hacer! Que, si las cosas tienen que ser así…, que si tal
vez fuera peor de otra manera. También prende el discurso de “todos son
iguales” etc.
Menos un vecino, Jacinto. A Jacinto
hay algo que le preocupa y no le huele bien. Todo aquello le hace desconfiar y concluye
que lo que está ocurriendo es una ruina para Barrezuelos y la comarca y que no se
puede consentir. Jacinto piensa que para que Barrezuelos fije población, no
siga despoblándose, debe tener servicios básicos y próximos y no lo que está
viendo que es precisamente lo contrario: alejarlos. Que esta gente (Vaxi y su
ejército) se presentan con piel cordero, pero le huele a carne de lobo. Trata
de convencer a otros vecinos. Poco a poco se fue uniendo alguno a la
preocupación de Jacinto a tenor de los acontecimientos que se iban produciendo,
pero ya era tarde. El lobo había
prendido la presa y ahora no la suelta.
En La comarca de La Angustia empiezan a pensar qué hacer para revertir la situación conscientes de las dificultades y los años que supondrá recuperar algunos servicios fundamentales para la población. Prevén décadas para recuperar lo que consideran destruido en dos años. Esto, siempre que puedan descabalgar al grupo de Vaxi de la atalaya a que se subió, como condición indispensable y encuentren algún apoyo en alguna institución de rango superior que los entienda. Algo poco probable.
Jacinto tenía buen olfato. Tenía razón
D. Robles