Quien pueda pensar que el poder
judicial no es un pilar fundamental del estado de derecho se equivoca. Quien
pueda pensar que acceder a la carrera judicial es un camino sencillo, se
equivoca. Quien pueda pensar que si la carcoma ataca un pilar no puede hacer
descarrilar el carro, también se equivoca.
No descubrimos nada si afirmamos que
llegar a ser juez, jueza, no es tarea fácil. Tampoco es sencillo mantener el
rigor y credibilidad (imprescindible). Perder el rigor, perder la credibilidad
ya resulta más fácil; basta un juez “outsider” para que el sistema se resienta.
Y aquí no vale corporativismo. No
vale cierre de filas con el causante. Esta actitud sólo contribuye a
incrementar el descrédito general.
A un juez se le puede criticar, ¿cómo
qué no?, ¿qué es eso? Solo faltaría que un juez por el hecho de serlo resultara
intocable. Que un juez por el hecho de serlo levitara sobre bien y el
mal.
Pues no. Respeto sí. Crítica también.
Y cuando alguna actuación es más que cuestionable, cabe crítica y también censura.
Resulta sorprendente, o no, comprobar
cómo un colectivo levanta su barricada en defensa de un personaje como Peinado
tan pronto alguien eleva una crítica, aunque esté más que justificada como es
el caso. Pero no, entienden que no se les puede tocar. Resulta más sorprendente
todavía que estos mismos que tardan segundos en levantarse, no lo hagan en
defensa de otros jueces o juezas. Será casualidad. O no. Pues tengo que decir
que quienes se sienten muy molestos porque alguien cuestiona ciertas actitudes
tienen una solución muy sencilla: gragea de ácido acetilsalicílico.
A partir de aquí el posicionamiento
de determinados medios y políticos es ya conocido. Son los otros eslabones de
la cadena para conseguir el fin, pero ese es otro escenario que no merece ser
atendido.
No es la primera vez que me refiero al Juez Peinado, tampoco
será la última dado que es el claro ejemplo de un personaje que le trae al “pairo”
la justicia entendida como tal, lo suyo es otra cosa. Lo suyo es tratar de
alterar la vida pública desde un despacho judicial utilizando este en
connivencia con el resto de tentáculos del organigrama.
Podemos afirmar sin temor a equivocarnos
que Begoña Gómez de no ser la esposa del presidente del Gobierno (y es el caso)
nadie la conocería, puesto que su actividad profesional mantenida desde hace
bastantes años; bastante antes que Sánchez fuera quien es nunca había sido
fuente de interés, aun haciendo lo mismo que siguió haciendo después y, por
cierto, nada extraordinario dentro del mundo académico como reiteradamente pone
de manifiesto quien sabe bien cómo funcionan estos procedimientos. Mucho menos,
asunto delictivo.
El problema no es Begoña, el problema
es Pedro que molesta y estorba a esta camarilla, porque como sabemos, solo a
ellos corresponde regir los designios del país y en los términos y forma que
creen.
De nuevo sale a la palestra Peinado y
de nuevo cuando están de viaje oficial. Pero no seamos mal pensados: es
casualidad. En otras ocasiones también fue casualidad. Ahora, además, si todo
esto sigue adelante como parece ser, Gómez sería juzgada en plena campaña de
las elecciones andaluzas. Es casualidad.
Siempre que hay alguna noticia o
evento de interés, sale Peinado de la madriguera con el carrito. Este sujeto se
va a jubilar y por ello quiere dejar bien prestado el servicio. De no ser por
este motivo el caso seguiría adelante hasta que Sánchez convocase elecciones
generales y entonces sería el momento de sacar a pasear el último carrito
Su obsesión le lleva a exigir que
Gómez sea juzgada por un juzgado popular, después de lo que llovió y llueve.
Sólo le falta a esta señoría solicitar que sea él quien designe a los miembros
de ese tribunal.
No sé si os habéis fijado, pero a
este señor le pica mucho la nariz. Debe ser casualidad, o no. Pero no para de
rascarse y de torcer la cara cuando camina por la calle, normalmente hacia el
lado izquierdo. Debe ser casualidad.
Cualquier analista serio, dice que en
este asunto no hay nada que rascar, (a parte de la nariz de Peinado) pero hay
que seguir con el caso y sus tiempos y vayamos a ver si no pasa como en el caso
del FG, que quien juzgue este galimatías sólo admita como prueba aquella o
aquellas que justifiquen la decisión condenatoria, tomada con antelación y
alevosía. No sería la primera vez.
¿Estaremos ante otro caso PODEMOS?
Como bien recordaréis y fue probado, la
prioridad en aquel momento era destruir esta formación y para ello se llegó a
fabricar pruebas falsas y tomadas en consideración.
Hoy, muchos años después quedó claro,
también en sede judicial, que aquello fue una de las vergüenzas de la época.
Ver cómo actúo esta mafia: jueces, prensa, policía, políticos… Da verdadero
pánico.
Hoy sí, quedó claro, pero el daño fue
hecho y los causantes misión cumplida y “de rositas”
Algo tendrán que hacer, supongo,
desde la judicatura para intentar que la ciudadanía podamos confiar, creer en
la justicia y saber respetarla, porque con Peinados, Hurtados y demás familia
difícil me lo fiais.
A todo esto, hay que añadir el
¨papelón¨ del sector en el contexto internacional.
Ya sabéis: quien pueda hacer que haga
En fin
D. Robles