La vida pública moderna (la política
y cuanto la rodea) se está acostumbrando a levitar entre la mediocridad y la
obscenidad. Tal vez peor: hacia la filo - delincuencia.
Está de moda el prefijo “filo” valga
pues la acepción. Y es que, a falta de neuronas que hagan útil un cerebro, ese
hueco que genera su ausencia suele ocuparlo células mutantes con resultado de tics
acelerados que estimulan aptitudes bravuconas cuando no de estupidez u otras.
Resulta fácil constatarlo a poco que
observemos y escuchemos el ruido que nos rodea. En casa y fuera de ella. Tanto
ruido, que del verbo a las bombas hay un trecho muy estrecho. Bombas que siempre
vuelan precedidas del correspondiente ruido. Digo bombas en su literalidad y también
aplico a otros escenarios menos atroces pero conducentes a otro tipo de bombardeos.
En el plano exterior, poco que añadir al noticiario diario, donde el mundo se ve envuelto y sometido al designio de dos terroristas en el amplio sentido del término.
Dos sujetos, líderes en sus países,
con mucho poder militar y que los terminan elevando a la categoría de estados
terroristas. No sé bien cómo se puede hacer, pero algo habrá que inventar antes
que sea tarde, para frenar a estos descerebrados y vulgares asesinos. Antes que
acaben con todo y todos.
Estos días escuché decir a un alcalde
indignado que a Donald había que matarlo. Cada cual saque su conclusión. Yo lo
entiendo. Estoy seguro de que mucha gente lo piensa. Es lamentable llegar a
este punto, pero…Este sujeto es un peligro para la humanidad. Un claro ejemplo
de hueco neuronal rellenado por lo dicho. Podría aplicar aquí aquello del
peligro del mono y las pistolas. Nunca ese mono llegaría a tal. El mono es más
inteligente y actúa en función de sus neuronas.
El entrevistador, entre sorprendido y
asustado le pidió que rectificara. No lo hizo. Se mantuvo firme.
Más cerca y ya en el plano doméstico, no sé bien si definir el panorama como entretenido, decepcionante o para echarse a llorar.
Entretenido: interpretemos el panorama en clave
de humor y riamos un rato porque no hay tregua. Demasiado humor si el asunto no fuera tan serio.
Decepcionante: tomemos en serio el escenario y veremos
que algún actor primer espada no da para más. Demasiado limitado. Y los
segundos, terceros y demás familia ¡qué voy a contar que no se sepa!
Para llorar: porque no alcanzo a comprender cómo es posible que quien provoca y vive en y del barrizal sea aplaudido por tanto contribuyente. ¿Es posible que haya tanta gente que no alcance a ver qué hay detrás de cada mensaje, cada bufido, cada alegato incendiario? ¿Somos incapaces de pensar y reflexionar un poco? ¿Tanta gente funciona de forma autómata e irreflexiva? Parece que sí porque de lo contrario los marcadores indicarían otros resultados.
Es patente que el ruido, el barrizal y el vocerío es más rentable en términos de voto que la sensatez, la prudencia y el rigor. Y esto es para llorar. Escuchamos con frecuencia decir que el jefe del ejecutivo hace lo que sea para permanecer en el poder. No voy a decir que no. Es posible. Pero es muy cierto que quien aspira a conquistarlo sí hace lo que sea para conseguirlo. Llegando a la bajeza que supone acceder al terreno personal, familiar, etc. Y en este campo juegan auténticos expertos. Muy entrenados y experimentados en el juego sucio donde bien se puede incorporar a otros poderes de apoyo no políticos. Bueno: no políticos profesionales.
La alternativa de gobierno en España es para esto. Para llorar. A falta de talla intelectual y otras, a falta de ser capaces de estructurar un razonamiento lógico, y serio utilizan ese hueco sin neuronas para enfangar el terreno, cabrear al personal, mentir y falsear lo necesario para provocar la indignación popular y así conseguir su objetivo. Y funciona. (Para llorar)
Lo último pensable es que se llegue a
vender el alma al diablo, a unos terroristas para criticar y tratar de acabar
con el Gobierno propio. (Para llorar)
¡Todo vale!
Son los llamados patriotas de
banderita que aspiran a gobernar este país, demostrando una vez más que el país
y su ciudadanía les importa más bien poco: lo que importa es otra cosa.
¡Dios nos libre!
D. Robles